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La Coctelera

LAMITAD+1

La mitad del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente (S. B.)

21 Agosto 2007

DARFUR ... Un testimonio

CUANDO PODER BEBER SE CONVIERTE EN UN AMENAZA DE VIDA





Fue en mi tercer día como ginecóloga en Darfur. Estaba en mi "consulta" (una lona sobre cuatro palos) cuando un compañero que estaba en otra consulta me pidió que viera a una chica que estaba atendiendo. La chica venía coja y con un fuerte trauma en la rodilla. Al examinarla, el compañero había visto sangre seca en los muslos, y había intuido que no era menstruo, sino sangrado vaginal, y por eso me pidió que mirara a la chica. Con el imprescindible traductor empecé a ganarme la confianza de la chica. Tenía 15 años (toda una mujer en estos campos), tenía la suerte de estar con su familia, y llevaba casi 2 meses en el campo. Hacía dos días se había caído y golpeado muy fuerte en la rodilla, y por eso venía a los médicos. Según íbamos hablando, yo la iba examinando entre comentario y comentario, hasta que pude preguntarle por la sangre de los muslos y pedirle que me dejara examinarla. Cuando la examiné descubrí un gran desgarro vaginal traumático. Le pregunté que si no le preocupaba esa herida y el sangrar. Y me contestó con una sencillez enorme (y estremecedora): "No hay problema. Eso es de que me fuerzan cuando voy a por agua". Esa chica (esa niña) iba todos los días a por agua como cientos de mujeres en este campo. Ir a por agua supone caminar por el desierto casi 4 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, y a veces hacer eso más de una vez al día. Y esa chica, esa niña, daba por supuesto como algo normal e inevitable que en ese camino tenía muchas posibilidades de ser violada por cualquier malnacido de los que, efectivamente, aprovechan ese viaje de las mujeres para violarlas. He visto hacerlo. He visto como las otras mujeres no tienen fuerzas ni posibilidades de hacer nada, porque suficiente tienen con sobrevivir cada una y por preocuparse de regresar con el imprescindible agua para su familia. He visto como hay mujeres (muchas con algúhn niño a la espalda o a la teta, la casi siempre seca teta) que cuando son asaltadas ya ni se resisten lo más mínimo, dejan los cantaros o los odres, se levantan la túnica hasta la cintura, y se ponen dócilmente a cuatro patas, y cuando el cabronazo acaba y se larga, ellas se levantan, se ponen en cuclillas y se limpian el semen de la vagina con los dedos (muchas creen que así evitan el embarazo) y siguen sin más su camino en busca de agua. Es una lotería. Unos días no te toca por suerte o porque las patrullas de la UA (las fuerzas de la Unión Africana) andan por allí). Otros días te toca. Es así. Punto. Y encima es sólo un caso más entre la larguísima lista de horrores que viven cada día estos desplazados por una guerra que no saben de qué va, una violencia cuyo origen no entienden, y una vida que se les ha cambiado de repente por la violencia de unos janjaweed que hasta entonces sólo conocían de oídas y la complacencia de un gobierno del que ni siquiera conocen la ciudad donde tiene la sede.

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